LA
CORRECCIÓN
A través de los años tradicionalmente ya está
forjado un perfil sólido de roles entre maestros y alumnos siendo para el caso del curso de un
trabajo de redacción el siguiente:
§ El alumno no
está capacitado para autocorregirse o para corregir a un compañero, porque no
sabe lo suficiente y podría equivocarse. Mientras que la corrección es
responsabilidad exclusiva del maestro. Solo él o ella saben lo necesario para
hacerlo.
En definitiva, este planteamiento tradicional
es el causante de la sobrecarga de trabajo del maestro, de algunas de las
frustraciones del alumno y de una imagen errónea de lo que supone aprender
lengua y aprender a escribir.
No se
puede sostener que los alumnos puedan
aprender de un solo texto, por lo que deben realizar lecturas de diversos
textos ya que el aprendizaje es constante para que así puedan ir corrigiendo
sus errores.
Los
errores tampoco son pecados terribles de los que tengan los alumnos que
avergonzarse, ni cicatrices que tengan
que llevarse de por vida. Se debe
inculcar en los alumnos que de sus errores tienen que aprender ya que eso les
va a generar confianza y no limitarlos a que por vergüenza o miedo solo repitan
lo que escuchan en clase.
Este juego de roles de forma
tradicional, solo añade inconvenientes a
la interrelación que debe existir entre docente y maestro en pro de la
enseñanza-aprendizaje. En primer lugar, el alumno cumple un papel secundario en
la producción de su trabajo, ya que es el maestro quien gestiona lo que
escribe, cuándo y cómo lo hace, de manera que él termina por inhibirse,
convirtiéndose en un autómata obediente. Por lo tanto el hecho de escribir deja
de ser el instrumento personal y creativo pasando a ser una obligación escolar
más, pesada y aburrida. Asimismo el
desarrollo de este rol genera solo personas dependientes, incapaces de valerse
por sí mismos, ya que todo el tiempo van a esperar ser corregidos, y no podrán
aportar nada favorable, tanto para él, su familia y su sociedad.



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